STEREO (1969) de David Cronenberg.

 

NOTA de POR UN PUÑADO DE FILMS: 1 *Inédita en España. La homosexualidad y la heterosexualidad son dos perversiones. La única sexualidad natural es la bisexualidad de la omnisexualidad… Esta idea singular y atrevida, mitad exploración sexual mitad provocación, es de lo poco que me ha quedado claro viendo este mediometraje experimental. Un pensamiento biosociológico, coherente además con la época de la revolución sexual de finales de los 60, en el que está filmado.

¿Cuál es el objeto del resto de metraje? ¿En qué consiste este experimento audiovisual sobre un experimento científico, o a la inversa? Ni pajolera idea, la verdad. Pero intentaré hacer un comentario crítico sobre qué es o qué pretende ser Stereo, subtitulada “Tile 3B of a CAEE Educational Mosaic” (sic). Esta obra abstracta, distante y fría, está filmada en contrastado Blanco y Negro. Se ambienta en una supuesta Academia Canadiense de Investigación Erótica del futuro (digamos 1996), sita en un edificio moderno, gélido y desolador -en verdad, el Scarborough College de la Universidad de Toronto-, en el que un grupo reducido de pacientes se someten a un experimento de telepatía, en base a las teorías parapsicológicas de Luther Stringfellow (nombre ficticio).

El misterioso y ambiguo título, Stereo, nada tiene que ver con el sonido mono o estereofónico. En mi opinión, podría apelar simbólicamente a la dualidad hombre-mujer. Gran parte del tiempo, escuchamos voces en off, masculinas y femeninas, indeterminadas, que rompen los habitualmente molestos silencios. Cuando hablan, la sensación es todavía peor. Majestuosas e interminables parrafadas, con sinuosas y cargantes referencias a términos, acepciones y definiciones psicológicas, especialmente, sobre la Psicología de la Gestalt (= forma, estructura, creación). Cronenberg apunta a la creación formal -la propia película en sí-, y a su vez, a través de las imágenes, a la percepción de la experiencia, a las formas simples e iguales, al todo por encima de la suma de sus partes. Todo este rollo patatero científico y metafísico, también puede escucharse y entenderse de modo irónico (aunque, por ello, no deja de ser inaguantable y cansino), dada la frustración y el desencanto hacia las carreras de ciencias por parte del director, quien acabó graduándose en Literatura en la Universidad de Toronto.

Lo que está claro es que a David Cronenberg (Toronto, 1943) le interesaban, desde su  juventud, tanto los procesos psicológicos como biológicos (cerebrales), no sólo de los personajes, sino del propio espectador. En boca del autor de Inseparables (Dead Ringers, 1988): “Como cineasta, me hago preguntas, pero no tengo respuestas. Hacer Cine es una exploración filosófica. Invito al público a sumarse en este viaje y descubrir lo que piensan y sienten”.

Stereo resulta un pilar fundamental en la realización de la posterior Scanners (1981), y en cierto modo también para La zona muerta (The Dead Zone, 1983) y Spider (2002), pero el resultado en sí mismo, a la hora de valorarlo y de analizarlo, es otra cosa.

El metraje de Stereo abusa de planos generales, con una intención clara. No se busca la expresividad cercana. En todo caso, la carencia de afectividad y emociones. La deshumanización está detrás de estas imágenes vacías y desoladoras. Los personajes, enmudecidos en medio de este paraje de hormigón, laberíntico y gigantesco, les reduce a convertirse en pequeños e insignificantes insectos enjaulados.

También se aboga a la morfología, es decir, a la “parte de la biología que trata de la forma de los seres orgánicos y de las modificaciones o transformaciones que experimenta”. Relaciones sexuales polimórficas, inducción biomecánica, consciencia y subconsciente freudiano, procesos evolutivos y distorsionados de la personalidad a raíz del sexo –con o sin drogas y afrodisíacos psíquicos de por medio-…

Supongo que todo ello está, de forma presente o figurada, relacionado con lo que vemos en pantalla: la confusión de estos jóvenes con pinta hortera de trovadores -o semidesnudos con una capa negra aristocrática-, compartiendo chupete bajo una sombrilla al sol. O con esa chica sumisa esperando un orgasmo telepático, que nunca llega. O con las reiterativas pastillas denominadas “El amor todo lo puede”. O con ese ménage à trois, interesante artísticamente por formar esa amalgama de cuerpos, perdiendo la identidad sexual. O con ese idiota que golpea a la mujer o que se lanza de cabeza contra una pared, completamente frustrado… Aunque está ahí, de algún modo, el descontrol de la violencia, la degradación del ser humano y el grado se suicidio al que lleva -o podría llevar- este tipo de experiencias psicológicas, no se muestra tan impactante y explícitamente como en El experimento (Das Experiment, Oliver Hirschbiegel, 2001).

Esta extraña pieza de art cinema y ciencia-ficción underground, mosaico de cine silente (rodado así, sin sonido directo, forzadamente, para paliar el tremendo ruido de la cámara), falso documental educativo y cine experimental, podría emparentarse a los cortometrajes y documentales más vanguardistas de Alexander Kluge, padre del Nuevo Cine Alemán. Sin olvidarnos de dos referentes del fantástico: Persona (1966) y La hora del lobo (Vargtimmen, 1968), del gran maestro Ingmar Bergman.

También hay un comentario inicial y final sobre un tipo (¿Uno de los protagonistas de Stereo? ¿Algún espectador? Es broma…) quien, tras un experimento así, se taladró literalmente el cráneo. Imagen grotesca que Darren Aronofsky no pudo evitar mostrar en su tortuosa y paranoica opera prima, Pi, fe en el caos (Pi, 1998), a su vez herencia directa de la surrealista Cabeza borradora (Eraserhead, 1977) de David Lynch. Todas ellas indagan, indirecta o directamente, formal y radicalmente, en los temores, poderes, obsesiones y horrores de la mente y el cuerpo humano.

Tanto Stereo como estas otras películas de culto, Cabeza borradora y Pi, fe en el caos, son algunas de mis bestias negras de la postmodernidad cinematográfica. No por su narrativa anti-convencional y sus logradas atmósferas, sino porque me aburren y me fatigan soberanamente. Sobrepasan mis niveles permitidos de pedantería, pretenciosidad y sopor. Lo poco más de una hora que dura Stereo es un verdadero sufrimiento para las retinas, un fatigoso tour de force para el espectador.

Paradójicamente, me quito el sombrero ante su osadía, al haber apostado Cronenberg, Lynch y Aronofsky por arriesgados proyectos personales para comenzar sus carreras cinematográficas (caso de Stereo, realizada entre amigos con 3.500 $), sin buscar el éxito o los elogios inmediatos o posteriores. En suma, fueron el primer –y necesario- paso de aprendizaje hacia la realización de posteriores grandes películas, incluso obras maestras, en manos de estos mismos autores. No hay quien entienda la mente humana… ¿Verdad?

Iván Barredo

Secuencia inicial de 4 minutos de STEREO (Siento que la imagen no esté en anamórfico, como debería ser):


Nacionalidad: Canadá. Actores: Ronald Mlodzik, Jack Messinger, Iain Ewing, Clara Mayer, Paul Mulholland. Duración: 65 minutos.

Publicado en Ciencia-Ficción, Cine de Autor, Cine/Vídeo Arte, Cult-movie, Drama, Erótico, Experimental, Falso Documental, Fantástico, Secuencia / Fragmento, Surrealismo | Etiquetado , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , | 1 comentario

GIALLO (2009) de Dario Argento.

NOTA de POR UN PUÑADO DE FILMS: 1 *Inédita en España. En los últimos 20 años, Dario Argento no ha parado de realizar bodrios como Trauma (1993), El fantasma de la ópera (Il fantasma dell’opera, 1998), Do You Like Hitchcock? (Ti piace Hitchcock?, 2005), La madre del mal (La terza madre, 2007)… Y, de vez en cuando, algún producto visible como Insomnio (Non ho sonno, 2001), con Max von Sydow.

Con Giallo, se supera a sí mismo y logra la peor de sus películas. Un pésimo autohomenaje, desde el propio título, en el que se reflejan muchas de sus constantes y temáticas, pero de un modo risible y penoso. Otra vez un Giallo (Amarillo, en italiano), una mezcla de thriller policíaco y cine de terror con momentos gore, basado en una colección de novelas italianas populares con cubierta de dicho color.

Para comenzar, el casting de Giallo es de juzgado de guardia, la dirección de actores brilla por su ausencia, la historia es mala a más no poder, y encima Argento se dedica a hacer piruetas visuales que confirman su pretenciosidad. Lo peor de esta bobada de crímenes y un asesino “amarillento” es su seriedad. Conste que la película costó 14 millones de dólares, y que ahora Argento busca “el más difícil todavía” con Drácula 3D (2012) con Rutger Hauer…  ¿Delirios de grandeza? ¿Dónde queda el espíritu del Giallo, con aquellas modestas producciones de principios de los 60, realizadas por Mario Bava, con las que se inició este entretenido subgénero: La muchacha que sabía demasiado (La ragazza che sapeva troppo, 1963) y Seis mujeres para el asesino (Sei donne per l’assassino, 1964)?

En Giallo, no podemos decir que la trama sea enrevesada como ocurría, por ejemplo, en Tenebre (1982). Simplemente es estúpida. Tras la desaparición de Celine (Pataky), una modelo norteamericana, al coger un taxi en Turín, su hermana Linda (Seigner), a la mañana siguiente, informa de ello a la policía italiana. Éstos, a su vez, la ponen en contacto con el Inspector del FBI, Enzo Avolfi (Brody), quien está buscando a un asesino en serie, que mata y desfigura a mujeres extranjeras de gran belleza.

De un modo inverosímil, descubrirán, con la pista dejada por una víctima, “Amarillo”, que el asesino sufre de ictericia (sic). Así que irán a buscarle a los hospitales de Turín… En fin, un despropósito tras otro, una trama para partirte de la risa, de lo mala y descabellada que es. Tampoco hay misterio alguno, ni tensión, ni terror, ni miedo, ni nada de nada. Por supuesto, este psicópata nada tiene que ver con otros vistos en filmes de Argento. En este caso, promueve y causa pena, espanto… ganas de que desaparezca del mapa, por ridículo. Igualmente, la víctima -Elsa Pataky- está de Oscar, vamos. Y la relación entre Lisa y el Inspector no hay quien se la trague. ¿Y qué decir de la persecución final, de esos diálogos insufribles, de tanto amarillo para tan pocas nueces?

Argento está en decadencia total… ¿Qué ha sido del director de El pájaro de las plumas de cristal (L’uccello dalle piume di cristallo, 1970) o Rojo oscuro (Profondo rosso, 1975), entre alguna que otra interesante y buena película? En fin.

Iván Barredo

Nacionalidad: EE.UU.-Gran Bretaña-España-Italia . Actores: Adrien Brody, Elsa Pataky, Emmanuelle Seigner, Robert Miano.
Duración: 92 minutos.

Publicado en Fantástico, Giallo, Gore / Splatter, Misterio, Policíaco, Suspense / Thriller, Terror, Trailer | Etiquetado , , , , , , , , , , | Deja un comentario